ezequiel slafer dalmata
Paula Momparler

Paula Momparler

Cárter, un dálmata de la vieja escuela

Esta es la historia de cómo Cárter, un precioso perro dálmata, nos cuenta el trayecto artístico de su humano, Ezequiel Slafer, en relación a tu interés por el espacio híbrido entre lo salvaje y lo doméstico del mundo canino.

Colaboración entre Ezequiel Slafer, artista plástico y diseñador argentino, y Paula Momparler, directora de Cave Canem.


Imagen de portada: Perrazo.01, 120x80cm Ezequiel Slafer

perro dálmata

Un modelo inesperado

Cárter el dálmata


Me llamo Cárter y soy un perro en un mundo de humanos. Nunca fue mi intención dedicarme a ser modelo de pintura, más bien de joven apuntaba otras maneras menos nobles. Tenía esa habilidad para el pillaje -compartida por muchos cachorros-, basada en el sigilo, la vigilancia y elegir el momento oportuno para la sustracción del objeto de mi deseo. De ahí mi nombre: carterista. No obstante mi humano, supo enderezar esta conducta poco digna y pude limpiar mi nombre, cambiándolo al de Cárter. En mi defensa diré que al ser el último de la camada tuve que espabilarme bien pronto para alimentarme entre tantas bocas. 

Comencé a vivir con Ezequiel, un joven humano, cuando a penas tenía cuatro meses. Ya os podéis imaginar lo que eso supone: luchas de poder por el sofá, marcaje con fluidos en puntos estratégicos de casa, destrucción de muebles y sustracción de alimentos. Como he dicho al principio, no estaba previsto que además de mi principal ocupación -vivir-, me convirtiese en modelo canino. Aunque tampoco me extraña porque, a diferencia de mis hermanos -todos blanquitos al nacer-, yo nací con una primeriza mancha negra en mi cabezota (los cachorros dálmatas nacen totalmente blanquitos hasta que a la tercera semana comienzan a aparecer las manchas).

perrazo ezequiel slafer
Cárter y Ezequiel

El descubrimiento de mi vocación fue gradual: Ezequiel cursaba sus estudios en Buenos Aires, Argentina. Como buen estudiante soñador se montó su primer taller en casa (menudo tufo hacen los potingues que usa para pintar). Tuvo la delicadeza de ponerme un almohadón en este taller y yo me acurrucaba hecho un rosco mientras le escuchaba despotricar de lo insulso que era pintar un vaso, una botella y una canasta de frutas- o bodegón, como lo llaman ellos-. Así que con un ojo responsable miraba la canasta de frutas y con el otro ojo, más rebelde, miraba mi figura canina: la placidez con la que estaba recostado, mi pausada respiración y mi profunda ensoñación. En contraste con las botellas y las frutas yo era un remanso de vida. 

dalmatian dog

UN REMANSO DE VIDA

Cárter el dálmata


Sabía que no podía estorbar su concentración porque sino me echaba del taller y oye, quieras que no, a uno le gusta la compañía. Finalmente acabé por acostumbrarme a las largas sesiones de Ezequiel. Pero cuál fue mi sorpresa cuando vi que en el cuadro no había cuatro frutas sino mi preciosa figura -no voy a ser modesto a estas alturas-. Me encantó cómo había plasmado el contraste de mi figura con el fondo: era todo luz. Se había fijado en los tonos que matizan el blanco de mi pelaje, además de la nitidez y exacta posición de manchas que embellecen mi cuerpo. Me había observado con lupa y yo sin enterarme de nada. ¡Debería haberle exigido un precio por esas sesiones de modelo! Pero, bah, mientras haya comida en mi comedero, a quién le importa. 

“Se dejaba ver con una naturalidad y espontaneidad muy difícil de encontrar en cualquier modelo humano.” Ezequiel Slafer.

Supongo que es más fácil pintar lo que se ama que lo que no te interesa en absoluto porque fue entonces cuando sus obras mejoraron exponencialmente. Lo notaba orgulloso de pintarme; por fin había encontrado un tema que le motivase: cómo era la vida canina, cómo nos relacionamos con el entorno, en qué momentos primaba más lo salvaje y en qué otros preferíamos aceptar las leyes del hombre para integrarnos en su sociedad. Desde muy pequeño -y está en el carácter innato de mi raza– mostré enérgicas capacidades para la independencia. Me iba a explorar la ciudad con mi amigo Tupac, otro joven macho del barrio. Salíamos llenos de expectativas y cuando volvía a casa pegaba un ladrido a modo de timbre y Ezequiel abría la puerta.

Guau, guau, estoy aquí. 
¿Quién es?
Guau, yo, Cárter. 
Vale, pasa. 

No obstante, no todas las excursiones fueron gratas y pronto descubrí las aristas de la calle. A veces volvía magullado, otras satisfecho, otras asustado. La ciudad, aunque llena de posibilidades, también encierra muchos peligros. Finalmente pesaron más los beneficios del hogar y el cariño de Ezequiel – aunque tuviera que acatar sus normas- que mi orgullo juvenil. 

ezequiel slafer dog
Siluetas vacías 02 (boceto). Ezequiel Slafer

Poco a poco ambos comprendimos, que más que sumisión y rabietas, lo más beneficioso para ambos era intercambiar feedback sobre cómo encajar nuestras dos lógicas en la manera de estar juntos en la calle. Así desarrollamos un entendimiento único a la hora de nuestros paseos y su compañía me daba seguridad ante las amenazas de la gran ciudad.

¡Qué orgulloso me sentía de mi relación con este humano, que llegó a apreciarme tal cual era y no tal cuál se suponía que tenía que ser!🧡

ezequiel slafer artista argentino

Cárter como modelo

Perrazo.01. 120x80cm. Ezequiel Slafer


Nuestra relación tuvo gran influencia en su obra creativa. Su amor por mi hizo que quisiera conocer mejor cómo era la relación de los perros con su entorno o con otros perros callejeros y cómo la belleza de la espontaneidad dominaba nuestro mundo – algo ajeno en muchas ocasiones a los humanos, que dan demasiadas vueltas a las cosas-. Los perros somos unos vividores. Esta relación entre mi figura y el entorno es la que él llevaba a la pintura. Contraponía lo concreto (yo) a lo abstracto y desconocido (la calle). En la obra llamada Perrazo.01, las manchas abstractas rebosan vida: son lo urbano, lo cambiante, lo vivo, los olores, las impresiones, las posibilidades.

En otras ocasiones la mancha abstracta me daba miedo. Ésta devoraba la figura del perro y me recordaba a algunas experiencias traumáticas de mi vida como cuando sufrí un atropello o cuando quisieron envenenarme. Asco de humanos a veces 🙄😠 Menos mal que los jueces – gracias a las cámaras de seguridad – pillaron a la loca que se dedicaba a esparcir sustancias venenosas alrededor de los árboles. Varios perros murieron; también yo caí en las garras del veneno. Menos mal que Ezequiel se dio cuenta rápidamente de mi malestar y me salvó -literalmente- llevándome al veterinario. Cuando recobré la consciencia me encontraba mejor pero esta situación tuvo un gran impacto en él, que pintó una serie de obras en las que la mancha, desgarradora, destrozaba violentamente mi cuerpo (aunque tuvo la delicadeza de no pintar un dálmata para no asustarme todavía más). Qué miedo pasamos.

perros arte
Reunión en el confín.01. 120x80cm Ezequiel Slafer

La vida nos regaló quince años juntos y los últimos acusamos los estragos de mi vejez. Poco a poco mi capacidad motriz fue deteriorándose hasta perderla por completo, perdiendo así una parte esencial de mi vida: la calle. Dejé de ladrar y mi ánimo fue apagándose. Así aparecieron las sombras en su obra: la inevitable vejez, la separación. Los elementos se aislaron, se abstrajeron, se sintetizaron.

Finalmente no me quedó más remedio que decirle adiós a Ezequiel. Estaba listo para irme, contento de haber tenido una vida plena y una gran compañía. Cuando me fui, sus obras se despersonalizaron. Pasó de trabajar en figuras vivas y reales a dibujar figuras geométricas, inanimadas e ideales.  Yo lo observo a través de su corazón y aunque es posible que no sea del todo consciente de las connotaciones que nuestra vida supusieron para su obra, de lo que sí estoy seguro es de la veracidad de sus planteamientos.

ezequiel slafer
Cubo 01.  120x100cm Ezequiel Slafer

Memorias imaginarias de Cárter (2004-2020) a través de los recuerdos de su humano Ezequiel.

perros argentina mestizos

MODUS OPERANDI

Siluetas vacías 02. Ezequiel Slafer


Una parte importante del trabajo de Ezequiel en esta serie fue salir a buscar a sus modelos. En estos recorridos descubrió, cámara en mano, su interés por los perros callejeros, el espacio híbrido entre lo salvaje y lo doméstico. Una vez fotografiado, el modelo ingresa en el espacio virtual de su ordenador, en donde se enfrenta al entorno extraño de los programas de diseño. Intenta explotar esa tensión para llegar a un boceto que le convenza, pero una vez que empieza a pintar ya puede pasar cualquier cosa…


Sobre el autor: Ezequiel Slafer (1980), es artista plástico, diseñador y músico. Nacido en la ciudad de Buenos Aires, Argentina, en donde vive y trabaja en la actualidad. Su obra pictórica pretende exhibir los problemas de la representación en dos dimensiones. Sus Redes Sociales:

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